Perros y su aporte a la salud

Mi pequeño enfermero en un momento de siesta.

Un perro no sólo es tu mejor amigo. También puede ser el mejor enfermero que podrías llegar a necesitar.

La semana pasada me enfermé y me asusté mucho. Me había dado cistitis, una enfermedad que siempre me hace sufrir demasiado, ya que cuando más chica me dio por un año de forma crónica, por lo que cuando recaigo me muero de miedo de que lo que hacía que me diera siempre vuelva. 
En fin, desperté la madrugada del lunes muy adolorida y me quise morir. Me quedé el lunes y martes en cama y luego empecé a levantarme de a poco. Mi marido me cuidó, mi mamá me fue a ver, mi papá y mi hermana chequeaban constantemente cómo estaba. Pero alguien no se separó de mí desde el comienzo: Toto.

Usualmente cuando uno se enferma, necesita ayuda en un primer momento no más (a no ser que sea algo muy grave). Luego vas al doctor, te da remedios, te empiezas a sentir mejor…. pero lo que sigues necesitando es el apoyo moral. Y usualmente uno no está acompañado en esa parte y en mi teoría, uno mejora mucho más rápido y mejor con energía positiva y contención alrededor. Osea, no es sólo MI teoría, pero yo la apoyo demasiado. Los perros (igual que otros animales que se usan para terapia, como caballos) te dan contención y amor incondicional. Es por eso que los usan en terapias para gente con depresión, gente con discapacidades, e incluso niños que han sufrido abuso.

Los dueños de mascotas tenemos la suerte de tener esa contención en un ser que ya está en nuestra familia. Claramente mi cistitis no era nada tan grave como las enfermedades que nombré, pero mi miedo a que me diera crónicamente de nuevo igual me asustó. Toto ayudó demasiado en la gestión de ese miedo:  desde que me levanté en medio de la noche y lloré de dolor hecha una bolita, Toto estuvo al lado preocupado, aunque le decía que se fuera a dormir (eran como las 3 am). Mientras estuve en cama, no se separaba de mi lado, incluso si estaba aburrido. Sabía que no estaba ok. Usualmente si paso mucho rato tirada en la casa y no lo saco, alega para que salgamos. No era el caso. Se notaba mucho que me estaba cuidando. Era adorable. Y si me ponía nerviosa, me lamía la cara, como diciendo “calma, todo estará bien”. 

Me hizo acordar a Tommy, mi perro hermano, cuando estaba en el colegio y llegaba del colegio tras un mal día. Él SIEMPRE se daba cuenta, incluso si no decía nada y ponía su cabeza sobre mis piernas y me acompañaba hasta que me sintiera mejor. 

Los perros, por más que los menos dog lovers nos digan que “son sólo animales”, son demasiado intuitivos, capaces de mucho amor y muy incondicionales. Es por eso que muchas veces terminan siendo más amigos que nuestros amigos humanos. Es por eso que quienes tenemos la suerte de contar con un hijo o hermano perruno (y lo vemos como tal), tenemos que darnos con una piedra en el pecho por lo afortunados que somos. Tenemos amor. No estamos nunca solos en el mundo, ya que siempre está nuestro amigo perruno esperándonos en casa, listo para lamernos toda la cara.

Al menos yo, me considero afortunada. La vida ya me ha entregado a dos perritos hermosos que me han acompañado en la vida. Y aunque uno de ellos ya no está conmigo, el amor que me entregó siempre está en mi corazón. Y así nunca estoy sola.

N.

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