Acciones y consecuencias

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Éste es Torombolo, el perrito agredido por el Carabinero Duprat ¿Quién es el animal acá, perdón? PD: Carabineros justificó a Duprat diciendo que Torombolo lo atacó….Cierto que se ve FEROZ el perro.

Mi papá no es un hombre ni un papá perfecto, pero hay algo que me enseñó cuando chica que valoro mucho hasta el día de hoy. Eso es que técnicamente uno puede hacer lo que quiera, pero que, una vez hechas esas cosas, uno debe ser suficientemente adulto para asumir las consecuencias.

De esta forma,si uno, por ejemplo, decide pegarle a su mejor amigo porque se enojó, o decide romper la ley, debe ser lo suficientemente adulto y responsable para aceptar las consecuencias que esas acciones conllevan. Y así, como uno sabe que hay acciones que pueden traer malas consecuencias, uno se frena no sólo por uno mismo, sino que por civilidad, respeto y compasión por el resto.

Hoy desperté y vi que 70% de mis contactos de facebook estaban denunciando el lumazo que un carabinero le pegó brutalmente a un perrito llamado Torombolo en Arica. Juro que me impactó tanto que tomé a Toto y lloré de pena, rabia y miedo de que alguien se sienta con el poder de hacerle daño así a un animalito. Y más rabia me dio que después, en vez de pedir perdón, Carabineros le dio un espaldarazo a este carabinero de apellido Duprat, diciendo que el perro lo había atacado y por eso reaccionó de esa forma.

¿En serio, Carabineros? Pues déjenme decirles que hoy les perdí gran parte del respeto que les tenía. Yo pensaba que eran mejores. Incluso hubo veces en que los defendí porque cuando veía que se defendían en protestas estudiantiles, porque mucho tiempo trabajé en una zona en que vi muchas protestas y vi cómo los agredían. Pero hoy veo a lo que se refieren las personas que alegan contra ustedes. A su uso de poder indiscriminado, a su uso de fuerza desmedida, hoy usada contra un ser indefenso que no tiene los mismos medios que una persona para defenderse. Y más encima, lo justifican. Si uno la caga, lo mínimo que debe hacer es reconocerlo y pedir perdón, incluso si es necesario hacerlo mil y una veces. Pero no. No lo hacen. Y por eso, hoy me dan vergüenza.

Las acciones tienen consecuencias. Y espero que al carabinero Duprat le llegue su castigo. Sino, cada vez más gente va a perder el respeto, igual que yo, hacia la institución que se supone que debe cuidarnos.

A Torombolo y su dueña, un abrazo a la distancia y mucha fuerza, aunque lo más probable es que nunca lea esto. Pero vi sus lágrimas en el video y lloré con ella. Entiendo demasiado su dolor, su rabia. Y quiero decirle que no está sola.

N.

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Yo te recuerdo

No hay nada romántico acerca de la muerte. No es bella, ni como la muestran en las películas cuando un héroe dice exactamente las palabras que debe decir antes de dar un último respiro.

Esta madrugada, mi abuelita murió, tras una dolorosa batalla contra el cáncer. Para nuestra tranquilidad, se fue apaciblemente en su sueño, y estábamos con ella. Pero fue triste. Es triste. La idea de no verla más, no ir con ella a la playa, no escucharla reir o escuchar la tele al máximo de volumen se siente resignada, pero vacía.

Mi luto había comenzado antes de esto, lamentablemente. Mi abuela tenía alzheimer y a la primera persona que olvidó, fue a mí. Un día de la nada me empezó a decir Silvia. Creía que yo era una de sus primas. Eventualmente me recordó, pero ahí me di cuenta de que la abuela que había conocido hasta entonces no volvería.

Pese a eso, yo la recuerdo. Recuerdo sus ojos sonrientes cuando era chica e íbamos junto a ella, mi hermana y mi abuelo a la playa. Su voz severa cuando nos portábamos mal y decía que habíamos dado “la nota alta” en una situación. Sus infaltables vestidos y chalas de taco chino rojo en verano. Sus manos suaves y femeninas, que yo quería imitar, solo para fracasar en el intento, porque en verdad me parecía más a mi abuelo y me iba a meter a su taller, quedándo llena de grasa.

Abuelita, el camino hoy nos ha separado. Pero estoy segura de que el abuelito te debe haber venido a buscar y que esto es lo mejor,  ya que lo que tuviste en los últimos meses no era la vida que te merecías. También estoy segura de que nos volveremos a encontrar. Agradezco que hayas podido ir a mi matrimonio, conocer a Totito (a quien llamabas “el gatito” y me preguntabas por qué era tan chico), cuidarme y darme amor, cuidarme cuando me enfermaba, acompañarme y aconsejarme en los malos ratos.

No puedo decir “te voy a extrañar”, porque ya te extraño hace tiempo. Y sé que muchas veces no fui una buena nieta. Lo siento mucho. Y aunque ya te dije muchas de estas cosas mientras estabas viva, quería repetirlo. Sólo que tu sabes que no se me da mucho el hablar en público y esta es la única forma menos privada que tengo de decirte adiós. O más bien, hasta pronto.

Siempre estarás conmigo. Yo te recuerdo. Yo te recordaré por siempre.

N.